Política

Los Fantasmas del Poder: Las Facturas Políticas que dejó López Obrador.

La “silla presidencial” no está embrujada por fuerzas místicas, sino por la memoria del poder.

Por: La Palabra Política.
CDMX, 18 de febrero del 2026.

En política, ninguna Presidencia es solitaria. El acceso a la Palacio Nacional no es el resultado de una épica individual, sino de una compleja arquitectura de acuerdos, equilibrios y pactos transversales. Quien alcanza la silla presidencial no lo hace únicamente con votos; llega acompañado de compromisos explícitos e implícitos, de alianzas estratégicas y de concesiones calculadas.

La historia mexicana está cargada de simbolismos. El mito de que Emiliano Zapata evitó sentarse en la silla presidencial por considerarla “embrujada” no es un dato anecdótico: es una metáfora política. La Presidencia concentra poder, pero también concentra deudas. En ella convergen los intereses acumulados del pasado y las expectativas del presente.

Silla Presidencial en Palacio Nacional.

El ascenso de Andrés Manuel López Obrador no fue la excepción. Para construir mayoría política y viabilidad electoral, su movimiento articuló acuerdos con actores provenientes de distintas fuerzas: PRI, PAN, PRD, PVEM y Partido del Trabajo, además de empresarios, liderazgos regionales, sindicatos y operadores territoriales. Ninguna transformación política de gran escala se sostiene sin esa red de convergencias, incluso cuando la narrativa pública proyecta ruptura total con el pasado.

Andrés Manuel López Obrador y Alejandro Moreno Cárdenas presidente nacional del PRI.

El problema no es pactar —eso es inherente al ejercicio del poder—. El problema es administrar las expectativas que esos pactos generan. En toda coalición amplia existen compromisos que se cumplen, otros que se renegocian y algunos que simplemente se diluyen ante la realidad del gobierno. Es en ese espacio donde surgen los “fantasmas”: actores que consideran que su inversión política no fue retribuida en la magnitud esperada.

Los casos públicos ilustran fisuras. Julio Scherer Ibarra, figura cercana al presidente durante la primera etapa del sexenio, terminó marcando distancia a través de posicionamientos críticos. Ricardo Salinas Pliego también expresó públicamente desacuerdos que evidencian tensiones entre poder político y poder económico. A ello se suman disputas internas dentro de Morena, donde liderazgos y corrientes compiten por espacios y definición de rumbo.

Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Salinas Pliego.

¿Casualidad? Difícilmente. En términos de ingeniería política, cuando un liderazgo centraliza decisiones y redefine prioridades, inevitablemente deja saldos pendientes. Y esos saldos no desaparecen con el cambio de administración.

Hoy, esas tensiones impactan a Claudia Sheinbaum Pardo. La actual presidenta no sólo hereda una estructura de poder consolidada; hereda también las expectativas insatisfechas, los acuerdos inconclusos y las lealtades condicionadas que se construyeron durante el ascenso y el ejercicio del poder anterior.

La política mexicana entra así en una fase de ajuste. Los actores que se sienten desplazados buscan reposicionarse; quienes consideran incumplidos los compromisos intentan cobrar influencia; y los grupos internos compiten por redefinir la correlación de fuerzas dentro del oficialismo.

La “silla presidencial” no está embrujada por fuerzas místicas, sino por la memoria del poder. Cada pacto deja huella. Cada alianza genera deuda política. Y cuando esas deudas no se liquidan en tiempo y forma, regresan convertidas en presión, en disputa interna o en narrativa crítica.

Lo que hoy emerge no es un fenómeno sobrenatural, sino la consecuencia natural de una coalición amplia que llegó al poder con la promesa de transformación profunda. La verdadera pregunta no es si existen fantasmas, sino si la nueva administración logrará administrar las facturas heredadas sin fracturar el bloque que sostiene la gobernabilidad.

Porque en México, más que energías invisibles, lo que realmente persigue a los presidentes son los compromisos no saldados.

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