Tabasco vuelve a estar en el ojo del huracán.
Por: La Palabra Política.
Tabasco, 10 de febrero del 2026.
Lo que se advirtió en estas mismas líneas hace más de un año ha dejado de ser una profecía para convertirse en una cruda y dolorosa realidad: la paz no ha llegado al Palacio de Gobierno de Tabasco. Hoy, el gobernador Javier May Rodríguez se encuentra navegando en las aguas más turbulentas de su carrera, no solo enfrentando los vientos externos de la inseguridad, sino combatiendo una rebelión silenciosa que busca pudrir los cimientos de su administración desde adentro.

En política, cuando no pueden derribar al árbol, intentan secar sus raíces. Y eso es precisamente lo que estamos viendo en este arranque del 2026. El asalto ya no es solo mediático; es una operación quirúrgica destinada a debilitar, quebrar y doblar el primer círculo del gobernador. El blanco principal: sus pilares, sus Secretarios de Estado, la guardia pretoriana que sostiene el proyecto de transformación en el edén.
El Golpe al Corazón de la Estructura: La SOTOP en la Mira.
El reciente estruendo provocado por la difusión de contratos, documentos y supuestas complicidades en la Secretaría de Ordenamiento Territorial y Obras Públicas (SOTOP) no es un evento aislado. Es un misil teledirigido. Cuando se mezclan nombres de empresas con señalamientos de contubernios con grupos criminales como “La Barredora”, el tema deja de ser grilla de café para convertirse en una crisis de seguridad nacional.

Este golpe busca socavar la confianza en figuras clave como el Ing. Daniel Casasús Ruz, un hombre cuya lealtad al obradorismo y cercanía con el gobernador son indiscutibles. Al atacar a Casasús, los grupos de poder desplazados —esos que aún sueñan con las mieles del pasado— buscan enviar un mensaje: “Nadie es intocable”. Intentan frenar sus aspiraciones y, de paso, dejar al gobernador sin sus piezas más valiosas en el tablero.
Una Encrucijada de Varios Frentes.
Javier May Rodríguez no la tiene fácil. En su primer año ha tenido que pelear en cuatro frentes simultáneos que agotarían a cualquiera:
- La Inseguridad: Un monstruo que no da tregua y que exige resultados inmediatos.
- La Herencia Maldita: Un desastre administrativo que recibió y que, por prudencia política, decidió no perseguir con la fuerza que el pueblo exigía.
- La Guerra Civil Tabasqueña: Esas cúpulas y grupos políticos locales que no perdonan haber perdido el control de la caja y el poder.
- La Infiltración: El intento constante de vincular su gobierno con el crimen organizado, un punto neurálgico que la Presidenta Claudia Sheinbaum está combatiendo con puño de hierro a nivel nacional.

El Arropo Social: El Único Escudo Real.
A pesar de este panorama sombrío, el gobernador cuenta con un arma que sus enemigos no pueden comprar: el apoyo de los tabasqueños. La gente sabe quién es Javier May, conocen su origen y su lucha. Pero en la psicología del poder, el respaldo social es el motor, mientras que la estabilidad política es el volante. Si le mueven el volante —si desestabilizan a sus secretarios y le crean ruidos internos—, el coche puede terminar en la cuneta.

La pregunta que hoy queda en la psique del lector es: ¿Hasta dónde llegarán estos grupos para recuperar sus privilegios? Mezclar la obra pública con el crimen organizado es jugar con fuego en un estado que ya está demasiado caliente.
Tabasco vuelve a estar en el ojo del huracán. Este 2026 será el año en que Javier May tenga que demostrar de qué madera está hecho. No basta con ser leal, hay que ser implacable con los de adentro para que los de afuera no tengan por dónde entrar. El gobernador tiene el mando, tiene al pueblo, pero ahora necesita, más que nunca, limpiar la casa para que la tormenta no se convierta en naufragio. ¡El Edén se defiende desde adentro o se pierde para siempre!


