El político que nunca apostó a ser querido, sino a ser necesario.
Por: La Palabra Política.
CDMX, 4 de diciembre del 2025.
En la política mexicana existen figuras que no nacen del aplauso ni de la improvisación, sino del desgaste del tiempo, de la rudeza del sistema, de la forja lenta que solo los viejos artesanos del poder entienden. Ricardo Monreal Ávila pertenece a esa estirpe casi extinta. No viene de la política contemporánea de redes sociales ni de los discursos ligeros: proviene del subsuelo, del taller donde se tallan los colmillos, de la vieja escuela donde el poder no se presume, se ejerce.

Monreal es un personaje que se ha ido afinando con los años, como el acero que se templa entre fuego y frío. La madurez política no se improvisa; se adquiere descifrando señales, leyendo silencios, entendiendo que en la política real los tiempos son la diferencia entre la sobrevivencia y la extinción. Él entendió esa gramática antes que muchos, y por eso continúa vigente cuando otros, más jóvenes, más impetuosos, ya han quedado pulverizados en el camino.

Ricardo Monreal Ávila es un animal político en toda la extensión del concepto: calculador, sigiloso, estratega de instintos afilados. Nunca fue un político de masas; fue, es y será un operador. Un depredador que se desliza sin hacer ruido, que pacta sin que nadie lo note, que negocia incluso con quienes públicamente se juran enemigos. Monreal come solo, muerde solo, y avanza solo. Ese es su ecosistema. Ese es el mundo que domina.

Su juego no es moralista, ni pretende serlo. Es un jugador de ajedrez que mueve piezas en lo oscuro, fuera del escenario donde otros buscan cámaras. Él opera. Él acuerda. Él cobra. Esa es su esencia. Y esa esencia, por incómoda y temida que sea, es útil. MORENA lo sabe, y el Gobierno de México también. En todo aparato político existen personajes que hacen el trabajo que otros no quieren ensuciarse las manos en realizar. Monreal es ese hombre. El que entra al cuarto donde se pacta lo que nadie admitirá en público.

A cambio, ha cobrado con precisión quirúrgica: espacios, posiciones, recursos, influencia. Ha construido —sin aspavientos, sin declaraciones histriónicas— un brazo cupular dentro de MORENA que ya trasciende su figura. Su familia, su círculo, sus leales. Una red tan profunda y tan enraizada que sería imposible extirpar sin destruir parte del movimiento mismo.
Ese es su verdadero triunfo: no ganar elecciones, sino ganar permanencia. No conquistar aplausos, sino conquistar la necesidad. Ser indispensable. Ser útil. Ser el que sabe entrar por las puertas donde otros no saben ni tocar.

Hoy, el poder de Ricardo Monreal es sólido, expandido, y peligrosamente eficaz. No porque tenga la simpatía de la gente, sino porque domina el arte que sostiene a los gobiernos: el arte de operar. La habilidad de navegar las sombras. La capacidad de mover hilos que otros no pueden ver.

Ese es Monreal. El político que nunca apostó a ser querido, sino a ser necesario. El hombre que entiende que en México la política no se sostiene con discursos, sino con control. El personaje que, pese al paso del tiempo, sigue respirando poder. Que sigue sobreviviendo. Que sigue siendo indispensable para MORENA y para la continuidad de la Cuarta Transformación.
Porque en este país, donde los reflectores queman, las sombras protegen.
Y en las sombras, Ricardo Monreal Ávila reina con maestría.


