¡México merece partidos con alma, no siglas con precio!
Por: La Palabra Política.
CDMX, 10 de febrero del 2026.
La política, en su esencia más pura, debería ser el arte de servir. Sin embargo, en el ecosistema mexicano han florecido organismos que han convertido la política en el arte de subsistir a toda costa. Hablamos del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y del Partido del Trabajo (PT), dos siglas que hoy se preparan para entregarle a la Presidenta su Reforma Electoral, no por convicción patriótica, sino por la fría y calculadora necesidad de seguir aferrados a la ubre del presupuesto.

Estos partidos no son instituciones de ideales; son plataformas de oportunismo. No nacieron de un clamor social ni de una lucha por la justicia; nacieron para ser la comparsa del poder en turno, las “rémoras” que se pegan al tiburón más grande para alimentarse de sus sobras mientras el país observa con una mezcla de cansancio y cinismo.
El Camaleón sin Ética: El Caso del PVEM.
El PVEM es, quizás, el ejemplo más cínico de la política nacional. Es un partido que ha perfeccionado el arte de la traición como estrategia de supervivencia. Ayer fueron el brazo derecho del PRI, mañana fueron los aliados del PAN, y hoy son los soldados más “fieles” de MORENA. No hay ética, no hay moral, no hay principios ecológicos reales; lo que hay es un grupo de “viejos dinosaurios” y jóvenes utilizados para repartir gorras y camisetas, cuya única misión es mantener las prerrogativas millonarias que les otorga el sistema.

Viven del erario público engañando al ciudadano con promesas de sueños verdes mientras cumplen sus sueños personales de riqueza. Son expertos en reciclar candidatos y en vender sus votos al mejor postor en el Senado y la Cámara de Diputados. En la psique del PVEM, el ciudadano no es un soberano, es un número necesario para que su selecta cúpula siga viviendo en la opulencia.

El Parásito Ideológico: El PT y la Sombra de AMLO.
Por otro lado, el PT es el ejemplo del oportunismo disfrazado de mística revolucionaria. Un partido que nació sin fuerza, sin bases y sin una verdadera identidad socialista, hasta que encontró en la figura de Andrés Manuel López Obrador la herramienta perfecta para escalar. El hoy expresidente los utilizó como soporte, y ellos, con una agilidad de mercader, se colgaron de su carisma para obtener diputaciones, senadurías y alcaldías que jamás habrían ganado por sí mismos.

El PT no tiene aval social ni reconocimiento moral. Son un “grupito” de personas que salen a dar discursos incendiarios mientras, por debajo de la mesa, negocian sus cuotas de poder. Son comparsa, son eco, y son, sobre todo, dependientes. Sin la sombra del obradorismo, el PT volvería a ser lo que siempre fue: una sigla vacía de votos pero llena de ambición.

La Reforma Electoral: El Último Negocio de los Mercaderes.
Hoy, estos dos partidos se preparan para levantar la mano y aprobar la Reforma Electoral de la Presidenta. No les importa si la reforma les quita privilegios o si afecta su estructura; lo hacen porque saben que su existencia depende de la gracia de Palacio Nacional. Son como actores de reparto que aceptan cualquier guion con tal de no salir de la escena.

El mensaje psicológico que dejan a los mexicanos es devastador: en la política, la lealtad tiene precio y la dignidad es negociable. Se venden al mejor postor siempre, ofreciendo sus votos para que su cúpula siga succionando el dinero del pueblo, dándole migajas y sobras a sus militantes mientras ellos aseguran el futuro de sus familias.
Es triste ver cómo el sistema electoral les da vida a estos proyectos que no gustan al electorado, que no ganan elecciones por sí mismos y que solo sirven para inflar artificialmente las mayorías. El PVEM y el PT son el recordatorio constante de que, mientras permitamos que la política sea un negocio y no un servicio, seguiremos teniendo mercaderes en el templo de nuestra democracia. ¡México merece partidos con alma, no siglas con precio!


