Es una de las mujeres líderes más sólidas dentro del movimiento.
Por: La Palabra Política.
Quintana Roo, 18 de noviembre del 2025.
Hay políticos que llegan al poder para cumplir un periodo… y hay líderes que llegan para cambiar la forma en que un pueblo se mira a sí mismo. En Quintana Roo, ese liderazgo tiene nombre y apellido: Mara Lezama Espinosa. Una mujer que irrumpió en la política no como figura decorativa, sino como fuerza transformadora; no para tomar el cargo, sino para tomar la responsabilidad de reinventar una tierra donde el turismo convive con la desigualdad, donde el brillo de los hoteles contrasta con la realidad de miles que nunca habían sido escuchados.

Mara no es una gobernadora tradicional, ni pretende serlo. Llegó con una misión mucho más ambiciosa que un plan de seis años: reconstruir desde los cimientos la vida social y el modelo político del sur del país, empujar la justicia social más allá de las palabras y convertir la “Cuarta Transformación” en algo tangible, medible y, sobre todo, humano.
Porque si algo caracteriza su trayectoria es eso: Mara gobierna con rostro, con historia, con barrio, con humanidad.

En un estado donde el turismo es potencia, pero también espejo de desigualdades antiguas, la gobernadora entendió algo que pocos se atreven a ver: la transformación no empieza con megaproyectos, sino con la gente. Desde sus primeros días dejó claro que su visión no era solo administrar recursos, sino sembrar un nuevo modelo de vida, un tejido comunitario que devolviera dignidad a quienes durante décadas habían vivido a la sombra del desarrollo.

Siguiendo el manual social, político y humano heredado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, Mara Lezama convirtió a Quintana Roo en un laboratorio vivo de la 4T: un espacio donde los programas sociales dejaron de ser promesas remotas y se convirtieron en puentes para cerrar brechas; donde los apoyos dejaron de ser premios y se volvieron derechos; donde la política dejó de ser discurso y volvió a convertirse en servicio.
Y no solo eso: logró algo que muy pocos líderes estatales han conseguido. Construyó identidad.
No identidad partidista, sino identidad de comunidad.
Una visión que trasciende colores, campañas o ciclos electorales.

En Quintana Roo se respira un nuevo ambiente: uno donde la seguridad se atiende desde la raíz, donde la justicia social se discute en serio, donde el bienestar no se presume… se construye. Y sí, su método ha incomodado a muchos. Porque el cambio real siempre incomoda. Pero también porque Mara Lezama demuestra que se puede gobernar con firmeza sin perder sensibilidad, con estructura sin abandonar el corazón.

Hoy, a mitad de su mandato, su nombre ya suena más allá de las fronteras del Caribe mexicano. Es una de las mujeres líderes más sólidas dentro del movimiento, pieza clave en el equipo que acompaña y fortalece el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum. No por lealtad ciega, sino por coherencia ética y congruencia en los hechos.
Porque Mara no improvisa.
No posa.
No simula.
Construye.

Y en tiempos donde la política está saturada de discursos vacíos, su estilo directo, cercano y genuino ha roto la burbuja entre la clase política y la ciudadanía, demostrando que la 4T puede —y debe— sentirse en el bolsillo, en la mesa, en la colonia, en la comunidad.
Mara Lezama no está administrando un estado.
Está diseñando un futuro.
Un futuro donde el desarrollo no excluya, donde el bienestar no sea privilegio y donde gobernar signifique acompañar, escuchar y transformar.

Aún le quedan un par de años, pero su huella ya es evidente: una gobernadora que no se conformó con ocupar un cargo, sino que decidió dejar un legado.
Porque hay líderes que pasan…
Y hay líderes que marcan.
Mara Lezama pertenece, sin duda, a la segunda categoría.


