La princesa texana, el mural de Caravaggio y las maravillas del palacio que nadie quiere comprar

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El País – Rita Carpenter lanzó una moneda a la fontana de Trevi en su viaje a Roma cuando tenía 16 años y pidió casarse con un italiano y vivir en la ciudad eterna. Por aquel entonces, era una turista estadounidense en su primera visita a Europa y no imaginaba que lo que vendría después sobrepasaría sus expectativas. Casi cinco décadas más tarde, contrajo matrimonio en segundas nupcias con un príncipe romano, Nicolò Boncompagni Ludovisi y se instaló en una lujosa villa del siglo XVI, repleta de historia y de tesoros de valor incalculable, entre ellos el único mural que se conserva de Caravaggio.

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