¿Crees que el miedo a fracturar a MORENA está paralizando a la Presidenta Sheinbaum, o la vemos ejecutar una “estrategia de ajedrez” más profunda y silenciosa?
Por: La Palabra Política.
CDMX, 18 de noviembre del 2025.
Hay silencios que gritan más fuerte que cualquier discurso. Hay sombras que se alargan tanto que terminan devorando la luz que juraron proteger. México celebra tener a la Primera Presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, pero bajo el vitoreo se esconde un escalofrío: la duda amarga de si en Palacio Nacional habita una líder o tan solo el eco de un fantasma.

Esto no es un análisis frío, es un viaje a la entraña del poder donde el drama, la ambición y la traición escriben el guion.
La Maldición de la Herencia.
Sheinbaum ganó. Arrasó. Pero al cruzar el umbral presidencial, no pisó terreno virgen; pisó un campo minado de compromisos no elegidos y lealtades impuestas. ¿Quién gobierna realmente? ¿La mujer con el doctorado en ingeniería, la mente brillante forjada en la academia, o la red de intereses que le fue endosada como un anillo de compromiso forzado?

Sencillamente, la Presidenta llegó atada. Está encadenada a un gabinete heredado y a una cúpula que la ve no como la sucesora, sino como la depositada. Esta no es la toma del poder, es el inicio de una intrigante guerra civil donde el frente de batalla no es la oposición, sino el corazón mismo de su movimiento.
El Desdoblamiento: La Líder que No Puede Ser.
Aquí reside el misterio que congela la pasión del elector. ¿Dónde quedó la Sheinbaum de antes, la Jefa de Gobierno con voz propia y mano dura?
Hoy vemos una figura desdoblada: la presidenta oficial, obligada a recitar el libreto, y la líder silenciada, cuya verdadera mística está encubierta. Cada declaración, cada decisión, se examina con lupa: ¿Es la estrategia de Claudia Sheinbaum o la fiel copia al carbón de la voluntad superior que la llevó a Palacio Nacional?

La paradoja es cruel: Ella es la máxima autoridad, pero su poder parece limitado por los hilos invisibles de un grupo que se niega a soltar el control. Se arriesga a pasar a la historia no por su propia luz, sino por la sombra alargada de un hombre que, incluso fuera de Palacio, parece dictar el pulso de la nación.
El Laberinto de la Presidenta Claudia Sheinbaum.
El drama político es voraz: la guerra es Claudia contra sus correliogonarios.
Mientras Monreal se mueve en las penumbras, Adán Augusto teje su propia red, y los gobernadores levantan sus feudos, la Presidenta se enfrenta a una lealtad que es un arma de doble filo. Le dieron la silla, sí, pero no para que la ocupara a su modo, sino para que administrara la herencia.

Si la Presidenta no da un golpe de timón ahora, si no desenmascara a estos “fieles” que realmente la están saboteando, el desenlace podría ser fatal. Los grupos cupulares no solo buscan desmantelar su proyecto; si no pone un límite drástico, podrían llegar a derrumbar su Presidencia, moviendo la cuna que ellos mismos colocaron.
Esto es un juego de tronos a la mexicana. O Sheinbaum demuestra que es la verdadera reina, o quedará como un mero regente.
El Legado Bajo Fuego.
Ha pasado apenas un año, y la gran oportunidad histórica de ser la mujer que realmente transformó a México se está diluyendo en la necesidad de apaciguar a la “familia” política.
¿Qué escribirá la historia? ¿Será la mujer que rompió el techo de cristal y empuñó su propia visión, o la presidenta que temió enfrentarse a su propio partido y terminó siendo consumida por él?

El país la mira con una mezcla de esperanza y decepción. La Presidenta tiene en sus manos el destino de su sexenio. O encuentra el coraje para dar el manotazo definitivo y trazar su propio rumbo, o se convertirá, inevitablemente, en la primera mujer Presidenta que se autodestruyó por no atreverse a decir: “El poder, es mío”.


