Política

“La Barredora”: La herencia Criminal que la Presidenta se Atreve a Enfrentar.

“La Barredora” no es un golpe a la Presidenta Sheinbaum, sino la oportunidad de demostrar que gobierna sin pactos oscuros.

Por: La Palabra Política.
CDMX, 19 de septiembre del 2025.

El sexenio de Andrés Manuel López Obrador prometió desterrar la corrupción, pero lo que hoy se revela es una herencia incómoda y peligrosa: un sistema paralelo de poder incrustado en el Estado. “La Barredora”, el grupo delincuencial que nació y se fortaleció en Tabasco bajo la sombra de políticos de la 4T, se ha convertido en la mancha más visible del legado lopezobradorista.

Los ex gobernadores de Tabasco, Adán Augusto López Hernández y Carlos Manuel Merino Campos fue en ese sexenio pasado donde se gestó, conformó y consolidó el grupo criminal “La Barredora”.

Los nombres que emergen son pesados: Adán Augusto López Hernández, exsecretario de Gobernación y actual senador; Carlos Manuel Merino Campos, exgobernador tabasqueño; y Hernán Bermúdez Requena, exjefe de la policía estatal, hoy señalado por vínculos directos con la organización criminal. El caso exhibe un modelo de complicidad entre poder político, crimen organizado y estructuras de seguridad que operaron con impunidad durante el sexenio pasado.

Adán Augusto López Hernández ex gobernador de Tabasco, y Hernán Bermúdez Requena.

La presidenta Claudia Sheinbaum, sin embargo, no es parte de esa red. Al contrario: fue víctima política de ese mismo grupo, que durante años se opuso a su candidatura y la combatió desde las sombras con campañas de desprestigio. Hoy, desde el poder, Sheinbaum no solo enfrenta a los adversarios que intentaron frenar su ascenso, también rompe con la herencia oscura que le dejaron.

El gobernador Javier May Rodríguez fue quien levantó la voz y destapó las entrañas del grupo criminal. Ese acto encendió la mecha que hoy pone contra la pared a la vieja guardia tabasqueña. Y fue suficiente para que Sheinbaum ordenara que la ley se cumpla, sin importar los costos políticos ni la cercanía de los implicados con el expresidente López Obrador.

Javier May Rodríguez el hoy gobernador de Tabasco, fue el político valiente que denunció este grupo criminal que se formó y echo raíces en el estado natal del ex presidente López Obrador.

El mensaje de la mandataria es claro: no habrá intocables. Ni los amigos, ni los hermanos, ni los compadres del exmandatario tendrán protección en su gobierno. El manto de impunidad con el que se cobijaron durante años quedó cancelado el día que Sheinbaum asumió el poder.

El impacto es mayúsculo, incluso a nivel internacional. Washington observa con lupa y presiona: si México no limpia sus estructuras de corrupción y crimen, Estados Unidos no dudará en intervenir. La presidenta lo sabe, y por eso ha decidido adelantarse. No gobierna para tapar pecados ajenos, gobierna para marcar una diferencia.

Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México en combate contra la corrupción y el crimen organizado que sigue lacerando al estado mexicano y a sus ciudadanos.

Este episodio no es solo un golpe a Morena; es un parteaguas para el país. Si Sheinbaum logra desmontar a “La Barredora” y sancionar a todos los involucrados, no solo blindará a su gobierno: también salvará el legado social que López Obrador construyó, rescatando la confianza ciudadana en el proyecto que nació con la promesa de transformar a México.

Claudia Sheinbaum enfrenta la batalla más difícil de su vida política. Pero la enfrenta con un factor que la distingue de su antecesor: no tiene pactos con el crimen ni deudas con la corrupción. Hoy manda una mujer que no se doblega, que no negocia con la ilegalidad y que ha dejado claro que la justicia se impondrá, aunque se derrumbe parte del viejo movimiento.

La sombra de la corrupción y crimen organizado mancha las filas de MORENA.

El sexenio de López Obrador quedará marcado por “La Barredora”, “El Huachicol”, los escándalos y las redes criminales. El de Claudia Sheinbaum, si logra su cometido, quedará escrito como el del quiebre con esa herencia podrida. Y será recordada como la presidenta que tuvo el valor de limpiar la casa, aunque el costo fuera enfrentar a los fantasmas de su propio movimiento.

En México ya no manda el pasado. Hoy manda Claudia Sheinbaum, y su decisión es simple pero contundente: justicia, caiga quien caiga.

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