Mientras otros hacen ruido, Octavio Romero hace historia.
Por: La Palabra Política.
CDMX, 5 de febrero del 2026.
En tiempos donde la palabra “lealtad” parece haberse borrado de los diccionarios políticos, donde las convicciones cambian según sopla el viento, emerge una figura sólida, inamovible, como un roble en medio de la llanura. Hablamos de un hombre que no conoce los dobleces: el Ingeniero Octavio Romero Oropeza.

Para entender el alma de la Cuarta Transformación, no basta con mirar los discursos; hay que mirar a los hombres que cargaron las piedras cuando nadie creía en el proyecto. Y ahí, siempre ahí, ha estado Octavio.
Del Barro a la Historia.
Su historia no se escribió en oficinas con aire acondicionado. Se escribió en el sudor de las caminatas, en la angustia de los pueblos olvidados de Tabasco y en la esperanza de los que menos tienen. Octavio Romero no llegó a la cima por casualidad; llegó porque caminó hombro a hombro con el gigante, con Andrés Manuel López Obrador.

Pero no se equivoquen: Octavio no fue solo una sombra. Fue el escudo y la espada. Fue el confidente en las noches largas de derrota y el arquitecto silencioso en los días de victoria. Pasó de ser un soldado raso, curtiéndose la piel bajo el sol de la lucha social, a convertirse en un general de oficio. Su ascenso no fue un regalo, fue una conquista de la constancia.
El Hombre de una Sola Pieza.
Psicológicamente, Octavio Romero representa lo que todos anhelamos en un líder: certeza. Saber que, pase lo que pase, él no se va a quebrar. Es un hombre de una sola pieza.

Lo intentaron doblar con críticas, lo golpearon con campañas de desprestigio —esas medallas que el sistema le cuelga a quien se atreve a cambiar las cosas—, pero él sigue ahí, inquebrantable. Porque cuando uno tiene la conciencia tranquila y el corazón puesto en el pueblo, las piedras del camino se usan para construir cimientos, no para tropezar.
NFONAVIT: El Nuevo Rostro de la Esperanza.
Hoy, la historia le ha dado una nueva misión bajo el liderazgo de la Presidenta de la República Claudia Sheinbaum Pardo. Después de rescatar la soberanía energética en PEMEX, Octavio Romero tiene en sus manos el sueño más sagrado de cualquier familia mexicana: su hogar.

Al frente del INFONAVIT, no está administrando créditos; está administrando sueños. Está humanizando una institución que a veces parecía fría. Su visión es clara: que el trabajador humilde, ese que se parte el lomo todos los días, tenga una casa digna donde ver crecer a sus hijos.
Ha llegado para sacudir las viejas estructuras, para limpiar la casa por dentro y para asegurar que el dinero del pueblo vuelva al pueblo en forma de techo y seguridad.
Un Legado de Fidelidad Absoluta.
Octavio Romero Oropeza es la prueba viviente de que la política puede ser un acto de amor al prójimo. Son más de 30 años de caminar, de una lucha que comenzó con ideales socialistas y justicia comunitaria, y que hoy se cristaliza en bienestar real.

Al leer su historia, uno no puede evitar pensar: Ojalá hubiera más hombres así. Hombres que no buscan el aplauso fácil, sino el deber cumplido. Octavio es el guardián de la esencia del movimiento, el tabasqueño leal, el amigo eterno, el funcionario eficaz.
Mientras otros hacen ruido, Octavio Romero hace historia. Y la historia, siempre pone a los leales en el lugar de honor que merecen.


