Política

Emilia Calleja Alor: Energía firme para una nación que no puede apagarse.

La CFE es columna vertebral del Estado mexicano.

Por: La Palabra Política.
CDMX, 9 de julio del 2025.

En un país como México, donde la electricidad no solo enciende hogares sino que activa la economía, sostiene hospitales, impulsa el campo y dinamiza la industria, dirigir la Comisión Federal de Electricidad no es un simple cargo: es una encomienda de Estado. Y en esa trinchera estratégica, ha llegado una mujer con nervio, con carácter, con visión. Me refiero a la Maestra Emilia Esther Calleja Alor, quien hoy conduce los destinos de una de las instituciones más poderosas —y desafiadas— de la vida nacional.

Mtra. Emilia Esther Calleja Alor, Directora General de la Comisión Federal de Electricidad.

Su llegada a la CFE no fue producto del azar ni del acomodo político. Fue una decisión de fondo, respaldada por la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y por la Secretaria de Energía, Luz Elena González Escobar. Ambas, mujeres de ciencia, de razón, sabían que la Comisión requería algo más que buena voluntad: necesitaba dirección, integridad técnica y claridad estratégica. Y Emilia Calleja cumple con esos tres pilares.

Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México, Mtra. Luz Elena González Escobar, secretaria de energía y la Mtra. Emilia Calleja Alor, directora general de la CFE.

A unos meses de haber asumido el timón de la paraestatal, no ha lanzado discursos populistas ni ha echado culpas al pasado. No entró con la espada del revanchismo ni con el guion fácil de “todo estaba mal antes que yo”. Lo suyo ha sido distinto: un diagnóstico frío, pulcro, profesional y crudo sobre las condiciones reales de la CFE. Lo dijo sin adornos y sin anestesia: hay áreas vulnerables, hay rezagos, los recursos son limitados y, lo peor, los proyectos de destellos del sexenio pasado no consolidaron la fortaleza que esta institución necesitaba.

Mtra. Emilia Esther Calleja Alor, directora general de la CFE y el gobernador del Estado de Yucatán, Joaquín Díaz Mena.

A partir de ahí, comenzó una cirugía de fondo. Ni parches ni simulaciones. Emilia Calleja no llegó a administrar ruinas, sino a reconstruir cimientos. Y eso duele. Eso incomoda. Sobre todo a quienes, por años, hicieron de la CFE una caja de negocio, una fuente de contratos opacos, una maquinaria burocrática que funcionaba más para unos cuantos que para el bien nacional.

Desde su llegada, se ha propuesto una reestructuración seria, silenciosa, pero contundente. Está saneando finanzas, revisando contratos, rediseñando la operación técnica, y —lo más importante— está pensando en futuro: en energías limpias, en sustentabilidad, en fortalecer la red eléctrica para evitar los apagones del mañana. Porque sí, en su visión está la soberanía energética, pero no como eslogan político, sino como una realidad tangible que se construye con inversión, tecnología y responsabilidad.

Y como todo líder que toca intereses, la metralla mediática no se ha hecho esperar. Críticas disfrazadas de análisis, golpes bajos en columnas de opinión, portadas que buscan sembrar la duda. Pero Emilia, a diferencia de muchos, no se distrae. No entra al lodazal del pleito político. Ella camina, evalúa, corrige, dirige. Porque sabe que cada minuto perdido en el chisme es un minuto menos para la electrificación del país.

La CFE es columna vertebral del Estado mexicano. Su estabilidad es también la estabilidad del país. Por eso, el encargo que hoy recae sobre la Maestra Calleja no es menor. Su presencia ahí no solo es una señal de confianza, es una apuesta del más alto nivel: la Presidenta Sheinbaum y la Secretaria de Energía saben que no se puede improvisar en el corazón del sector energético. Y con Emilia han puesto una jugadora de élite en un tablero de presión máxima.

Hoy, mientras la derecha busca fracturar el discurso de la 4T en materia energética, mientras algunos intereses privados presionan desde el extranjero, mientras voces disfrazadas de “analistas” auguran crisis, una mujer sin estridencias ni protagonismos está reconfigurando una de las instituciones más importantes del México moderno.

Porque para Emilia Calleja, la electricidad no es solo voltaje: es soberanía, es dignidad, es desarrollo.

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