Política

El Temblor Silencioso de México tras la Confesión del Mayo Zambada.

El “mea culpa” de Zambada no libera a México de su sombra, sino que la proyecta más grande.

Por: La Palabra Política.
CDMX, 25 de agosto del 2025.

La noticia cayó como un trueno en medio de la calma: Ismael “El Mayo” Zambada, el eterno sobreviviente del narco, el hombre que durante décadas fue más mito que persona, se declaró culpable. Con esa sola palabra, dejó en el aire un silencio pesado, como si todo México contuviera la respiración, consciente de que lo que viene no es un simple proceso judicial, sino el desmoronamiento de un andamiaje que se sostuvo sobre complicidades, traiciones y pactos oscuros.

Ismael “El Mayo” Zambada.

Porque “El Mayo” nunca creció solo. Su poder no fue únicamente la astucia de un capo que supo sobrevivir a balas, guerras y traiciones, sino la mano extendida de presidentes que lo toleraron, de secretarios que lo protegieron, de militares que voltearon la mirada, de gobernadores que se dejaron comprar, de alcaldes que lo abrazaron y de policías que se arrodillaron. Su imperio fue posible porque tocó las raíces más profundas del sistema político mexicano: de los pasillos dorados de Palacio Nacional hasta las comandancias municipales más olvidadas.

Y si ese escenario se confirma, entonces es comprensible el frío que recorre las venas del poder en México. Porque no se trata de rumores: hay gobernadores, secretarios, alcaldes, diputados y hasta senadores que caminaron de su mano, que fueron levantados por la maquinaria del narco para convertirse en políticos “respetables”, y que hoy ocupan sillas clave en el país. La confesión de “El Mayo” amenaza con abrir la caja de Pandora de la política mexicana: demostrar, con pruebas en la mano, que el narcotráfico no fue un parásito pegado al sistema, sino un socio silencioso de quienes lo gobiernan.

Lo más inquietante no es que existan narcopolíticos —eso ya lo sabemos todos en este país donde el rumor y la certeza caminan juntos—, lo grave es que su poder se ha normalizado. Que la línea que separa al político del criminal se desdibujó al grado de convertirse en la misma sombra. Y ahora, con el eco de la confesión del Mayo, esa sombra amenaza con volverse tormenta.

Estados Unidos lo sabe, y por eso el giro de tuerca: ya no basta con perseguir a los narcotraficantes, ahora el objetivo son los narcoterroristas y los narcopolíticos. En ese tablero, México aparece como un país desarmado, incapaz de procesar la magnitud del pacto que lo devora desde dentro. Y el gobierno actual, con todo su discurso de transformación, tiembla al presentir que las pruebas de Zambada podrían golpear directamente en su propio corazón: la 4T.

Porque sí, detrás de la confesión no solo está el pasado de un capo, sino el presente de un país gobernado, en parte, por quienes pactaron con él. El “mea culpa” de Zambada no libera a México de su sombra, sino que la proyecta más grande: revela que las instituciones que debieron defender a la nación fueron, muchas veces, las que lo fortalecieron.

El Mayo cayó en los tribunales, pero su voz aún puede derrumbar palacios. Y si decide hablar, no solo se hundirá su historia personal, sino que se tambalearán las estructuras políticas que hoy sostienen el poder en México. En ese silencio incómodo, el país entero espera la siguiente palabra de un hombre que, aun tras las rejas, sigue teniendo en sus manos la capacidad de hacer temblar a la nación.

Acerca del autor

La Palabra Política

Escribir un comentario