Bienvenidos al fin del cuento de hadas; la realidad tiene el rostro de Donald Trump y el guion no admite improvisaciones.
OPINIÓN
Por. José R. Rodríguez Jiménez
CDMX, 19 de enero del 2026.
La historia es un juez implacable que no se alimenta de votos, sino de realidades. Hoy, la herencia política de Andrés Manuel López Obrador, ese testamento ideológico que parecía blindado por el fervor de millones, está viviendo su momento más agónico. El hilo de seda sobre el que se sostenía la “Cuarta Transformación” ha sido descubierto por el ojo clínico de Donald J. Trump, y lo que ha encontrado no es mística revolucionaria, sino un expediente negro que huele a azufre: narcoterrorismo, corrupción sistémica y el flujo incesante de veneno en suelo americano.
El legado de López Obrador ya no se sostiene por el amor del pueblo; hoy cuelga de un hilo que manejan las manos de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, cuya única misión es negociar en las sombras lo innegociable frente a una Casa Blanca que ha decidido que la fiesta del socialismo del siglo XXI ha llegado a su fin.
La caída de Nicolás Maduro en Venezuela no fue solo un cambio de régimen; fue un “golpe” seco en la mandíbula del lopezobradorismo. Ese golpe envió una señal de radiofrecuencia letal a todo el continente: Estados Unidos no está jugando a la diplomacia de salón. Al ver a su “partner” ideológico y compinche socialista caer en desgracia, el ecosistema político mexicano —gestado bajo los mismos fundamentos del chavismo y el castrismo— ha entrado en un estado de pánico frío.
Washington ya quitó la ficha venezolana del tablero. Ya gritó a los cuatro vientos que Cuba es el siguiente objetivo. Y en esa lista de limpieza geopolítica, México y Colombia están subrayados con tinta roja. Esta es la realidad que asfixia el proyecto de nación heredado: el mundo que soñó López Obrador se está desmoronando bajo el peso de una hegemonía que ha decidido recuperar su “patio trasero” a cualquier precio.
La Caza de los Leviatanes: El Precio de la Supervivencia.
La Presidenta Sheinbaum ha comprendido el juego. Ha bajado la guardia, ha guardado la retórica de soberanía en el cajón y le ha dado gusto en todo a la Casa Blanca. Pero el apetito de Washington es insaciable. Los “pececitos” que México manda regularmente para llenar las cárceles americanas ya no bastan. En los pasillos de Palacio Nacional ya resuenan nombres que antes eran intocables.
Trump no quiere operadores de calle; quiere a los tiburones y las ballenas. Quiere a los gobernadores, a los senadores y a los jefes de estado que permitieron que el narcoterrorismo echara raíces en el corazón del gobierno. La Presidenta está en una encrucijada psicológica devastadora: o entrega las joyas de la corona lopezobradorista (sus amigos, sus aliados, su estructura), o ve cómo el barco entero se hunde.
Proteger al Padre: La Última Trinchera.
México ya fue invadido. No se equivoquen con el término; la invasión es institucional, económica y moral. Hoy, a Claudia Sheinbaum solo le queda una trinchera: proteger a López Obrador y a su familia. El plan original de MORENA ha muerto; ahora el rumbo de las aguas lo dicta el oleaje que viene del norte.
El proyecto de la “Cuarta Transformación” ya no pertenece a los ideales de una plaza llena; ahora pertenece a los intereses de la Oficina Oval. Mientras Díaz-Canel tiembla en La Habana y Petro negocia su salvación en Bogotá, en México la Presidenta se convierte en la administradora de un legado que se marchita, tratando de salvar los muebles de una casa que Estados Unidos ya decidió que va a remodelar a su antojo. Bienvenidos al fin del cuento de hadas; la realidad tiene el rostro de Donald Trump y el guion no admite improvisaciones.


