El tejido social está descompuesto porque la autoridad perdió su valor sagrado al venderse al mejor postor electoral.
Por: La Palabra Política.
CDMX, 16 de febrero del 2026.
Hay un sonido que aterra más que el de las sirenas: es el rugido de una multitud que ha decidido que la ley ya no existe. México vive hoy atrapado en un enjambre social donde el caos ha vencido a la razón y donde el desorden ha roto, pedazo a pedazo, el reglamento de la convivencia civilizada. Lo que vemos en las calles no es libertad; es la ruptura total del tejido social, una herida abierta donde la anarquía ha tomado a la violencia de la mano para golpear, lastimar y, en los casos más trágicos, matar.

La psicología del mexicano ha cambiado peligrosamente. Hemos pasado de ser ciudadanos a ser jueces y verdugos. Hoy, en colonias de todo el país, la gente toma la justicia por su propia mano, redacta sus propias leyes en el asfalto y sentencia con la furia de quien se siente abandonado. Pero, ¿en qué momento exacto perdimos el control? ¿Cuándo se degradó tanto el respeto que hoy vemos a militares secuestrados, a políticos amarrados en plazas públicas y a gobernadores golpeados por quienes juraron gobernar?
La Génesis del Caos: El Pacto en lo Oscuro.
La respuesta duele, pero es necesaria: este caos tiene padre y madre, y se llama sistema político.
La anarquía no nació por generación espontánea. Fue cultivada. Se gestó en el momento exacto en que el poder, hambriento de votos y de control territorial, decidió corromper el tejido social. Sucedió cuando líderes y partidos, en su afán de ganar elecciones o “ahondar el poder”, firmaron pactos en lo oscuro con grupos sociales.

El gobierno cometió el pecado capital de la gobernabilidad: intercambió impunidad por apoyo popular. Les dio a ciertos grupos la sensación de ser intocables, les otorgó “dádivas” de poder para hacer y deshacer en sus comunidades a cambio de llenar las urnas. Se les enseñó que la ley es negociable si tienes los “fantasmas” y las “sombras” correctas protegiéndote desde arriba.
La Bestia Despierta y Muerde la Mano.
Hoy, la sociedad en diversas partes de México vive una especie de depravación cívica. Se acostumbraron al acuerdo voluntario, al “permiso” para romper la regla. Pero el problema de alimentar a una bestia con carne cruda es que, tarde o temprano, desconoce a su dueño.
Cuando la autoridad intenta ahora poner orden, cuando quiere que regresen al carril de la rectitud, se topa con pared. Esos grupos, fortalecidos por el mismo sistema, ya no obedecen. Se sienten con la fuerza moral y física para bloquear carreteras, para secuestrar funcionarios y para incendiar la paz pública. ¿Por qué? Porque el gobierno prometió más de lo que podía cumplir y otorgó más libertad de la que la ley permite.
El Callejón sin Salida.
Restructurar esto es la misión más difícil de nuestra era. No se trata solo de enviar policías; se trata de recomponer la mente colectiva. El tejido social está descompuesto porque la autoridad perdió su valor sagrado al venderse al mejor postor electoral.

Hoy existe un caos social, una anarquía rebelde y un desorden colectivo que nos asfixia, pero no olvidemos el origen: fue causado por el mismo gobierno. Al ceder el monopolio de la fuerza y la ley a cambio de popularidad, crearon un escenario donde el ciudadano se siente con derecho a la violencia. México necesita sanar, pero para sanar, primero el poder debe dejar de usar el desorden como herramienta política. Hasta entonces, seguiremos viviendo bajo la ley de la selva, donde el grito más fuerte es el que dicta la sentencia.


