Blog

El Espejismo de la Derrota: El Termómetro de Sheinbaum y la Purga de los Falsos Leales.

La Dra. Claudia Sheinbaum Pardo no ha caído ni caerá por un tropiezo legislativo.

Por: José R. Rodríguez Jiménez
OPINIÓN

CDMX, 12 de marzo del 2026.

En la política mexicana, la miopía es una enfermedad común entre quienes confunden una batalla con la guerra entera. Hoy, los pasillos del Congreso resuenan con los aplausos y los gritos de victoria del PRI, PAN y MC, a los que insólitamente se han sumado los suspiros de alivio del PT y el PVEM. Todos celebran que la reforma electoral de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no pasó en los términos que ella dictaba. Brincan de júbilo creyendo que han doblegado a Palacio Nacional. Se equivocan. Claudia Sheinbaum no perdió; simplemente acaba de encender el termómetro.

Para entender el verdadero ajedrez que se está jugando en las altas esferas del poder, hay que dejar de leer la política como un partido de fútbol. En la Presidencia de la República, y menos con el nivel de control institucional que ostenta Sheinbaum, no existen las derrotas absolutas; existen las pruebas de esfuerzo. Y esta reforma fue exactamente eso: la prueba de fuego para medir la lealtad.

Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México.

La Presidenta sabía perfectamente los riesgos numéricos de su propuesta. Sin embargo, decidió empujarla para obligar a todos los actores a quitarse las máscaras. Ya vio, observó y comprobó lo que en el fondo se sospechaba: el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México no son leales al proyecto histórico que heredó Andrés Manuel López Obrador.

Al negarse a arropar la reforma, estos partidos satélites demostraron que su única ideología es la preservación de sus privilegios, sus cuotas, sus plurinominales y sus negocios de cúpula. Sheinbaum necesitaba esta evidencia empírica. Necesitaba que ellos mismos se exhibieran ante los ojos de la base dura de la “Cuarta Transformación” como lo que realmente son: mercenarios electorales, no compañeros de lucha.

Senador Alberto Anaya del PT y Manuel Velasco del PVEM.

Quienes hoy cantan victoria olvidan un principio básico del sistema político mexicano: la Presidenta es la dueña del tablero. Ella maneja las instituciones, ella controla el presupuesto y ella dicta el pulso del Estado. Creer que una reforma estancada en el Congreso ata de manos a Claudia Sheinbaum es de una ingenuidad política imperdonable.

Sheinbaum tiene un as bajo la manga —y probablemente varios más—. Existen caminos paralelos, vías administrativas, recortes presupuestales directos y reformas secundarias. La reforma electoral, en su espíritu, se hará realidad porque el poder Ejecutivo tiene las herramientas para asfixiar las estructuras que hoy se niegan a cambiar. La Presidenta solo estaba “calando” el terreno, midiendo hasta dónde llegaba la audacia de sus adversarios y la cobardía de sus “aliados”.

Lo que la oposición y los falsos aliados no han calculado es el costo de su “victoria”. Al negarle esta reforma, el PT y el PVEM acaban de firmar su propio testamento político dentro del sexenio. La Presidenta ha tomado nota. Ahora, el rumbo cambia: trabajará exclusivamente con sus leales, con aquellos que demostraron estar dispuestos a inmolarse por el proyecto de nación, no por sus curules.

A los demás, a los que simularon fidelidad y a la hora de la verdad blindaron sus intereses personales, les espera el destierro. El frío invierno del presupuesto cerrado y las puertas bloqueadas en Palacio Nacional.

La Dra. Claudia Sheinbaum Pardo no ha caído ni caerá por un tropiezo legislativo. Ha salido de este episodio con la información más valiosa que puede tener un gobernante: saber exactamente quiénes son los traidores que duermen en su propia casa. El PRI, PAN, MC, PT y PVEM pueden seguir brincando de alegría, pero cuando termine la fiesta, se darán cuenta de que la Presidenta ya trazó una nueva ruta, y en ese camino, ellos acaban de quedarse afuera.

Acerca del autor

La Palabra Política

Escribir un comentario