¿A qué precio se compra la supervivencia política?
Por: La Palabra Política.
CDMX, 12 de enero del 2026.
El aire en el Zócalo ha cambiado. Ya no huele a la euforia colectiva de la “Cuarta Transformación” ni a la mística de las plazas llenas. Hoy, el ambiente en los pasillos de Palacio Nacional es denso, cargado de un pragmatismo frío y quirúrgico. La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, ha comprendido una verdad que hiela la sangre de la militancia: en el ajedrez global del 2026, el legado de Andrés Manuel López Obrador es un ancla que amenaza con hundirla.

El tablero geopolítico ha dado un vuelco violento. El regreso de Donald J. Trump no trajo discursos amedrentadores, trajo acciones letales. La caída de Nicolás Maduro en Venezuela no fue solo un golpe a un régimen; fue un mensaje directo a la psique de la Presidenta de México. Sheinbaum ha visto cómo el “manual socialista” de Fidel Castro y Hugo Chávez —esa calca ideológica que alimentó la retórica de la 4T— se ha convertido en el objetivo prioritario del Águila del Norte. Y ella, con la inteligencia metódica que la caracteriza, ha decidido que no será la próxima ficha en caer.
El Sacrificio del Alter Ego.
La Presidenta ha bajado las velas. Aquel barco que navegaba con la inercia de las bases sociales y el partido MORENA ha tirado anclas. A Claudia Sheinbaum hoy no le interesa el trabajo de bases ni la consolidación de un movimiento que le fue heredado como una camisa de fuerza. Ella ha entendido que el Gobierno de Estados Unidos no juega con blasfemias ni ataques de ego; actúa con una precisión que no conoce fronteras.

Por eso, el 2026 marca el inicio de una nueva era: la era de Sheinbaum por Sheinbaum. La Presidenta está redireccionando el barco hacia las costas de Mar-a-Lago y Washington. Ha comprendido que para salvar su investidura, debe pactar. Y pactar significa, necesariamente, sacrificar. Sacrificar el proyecto de su antecesor, sacrificar las lealtades a gobernadores y senadores impuestos, y sacrificar la sintonía ideológica con el comunismo latinoamericano.
Negociación en la Penumbra.
Lejos de los reflectores, fuera de las “mañaneras” que hoy sirven más de distractor que de guía, se está tejiendo un puente de negociación real y crudo con Trump. Sheinbaum está dispuesta a dar “regalos” y ofrecer “sacrificios” políticos que el Presidente estadounidense exige para no incluir a México en su lista de gobiernos “narcoterroristas” o “facistas”.

El mensaje psicológico es devastador para quienes creían en la continuidad absoluta: Claudia Sheinbaum está sola y se defiende sola. Ya no existe el blindaje de López Obrador; solo existe el instinto de supervivencia de una mujer que ha decidido no terminar como Maduro o Díaz-Canel. Ella sabe que Trump no quiere colaboración, quiere obediencia; no quiere discursos, quiere resultados en seguridad y mercado.
El Ojo del Visor y el Fin de la Inocencia.
El 2026 será turbulento porque México ha entrado en la zona de intervención silenciosa. La Presidenta ha optado por la diplomacia del realismo extremo. Si tiene que entregar las cabezas políticas que AMLO le impuso para que su propio gobierno sobreviva, lo hará. Si tiene que desmantelar el idealismo socialista para alinearse con el eje Trumpista, ya lo está haciendo.

La pregunta que queda flotando en la psique del lector es: ¿A qué precio se compra la supervivencia política? Claudia Sheinbaum ha decidido que el precio es la ruptura con el pasado. Hoy, ella no es la continuadora de una transformación; es la arquitecta de su propio refugio. En este juego de sombras, el legado de la 4T ha sido puesto en la mesa de apuestas como moneda de cambio. La Presidenta ha elegido vivir, aunque para ello tenga que dejar morir el sueño de quien la puso en el trono.


