Porque no hay transformación sin humanidad, y en Puebla, la humanidad tiene nombre: Ceci Arellano.
Por: La Palabra Política.
Puebla, 19 de noviembre del 2025.
En tiempos donde la política suele contarse desde los reflectores del poder, hay historias que nacen lejos del protagonismo y que, aun así, sostienen silenciosamente el rumbo de un estado entero. Una de esas historias se escribe hoy con nombre propio: Cecilia Arellano, Presidenta del Patronato del SEDIF Puebla. Una mujer cuya presencia no sólo acompaña al Gobernador Alejandro Armenta, sino que impulsa, sostiene y humaniza uno de los proyectos sociales más importantes del estado.

Porque sí: todos hablan de gobiernos, obras y números. Pero la verdadera transformación se siente en el abrazo a una madre que busca apoyo, en el rescate de un niño que necesita protección, en el alimento de una familia vulnerable, en la escucha paciente a quienes pocas veces son escuchados. Ahí es donde trabaja Cecilia. Ahí es donde su liderazgo se convierte en algo más grande que un cargo: se convierte en un propósito.
Una mujer que sostiene, inspira y acompaña.
Cecilia Arellano no es solamente la esposa del Gobernador. Es la mujer que acompaña la ruta política de Alejandro Armenta con sensibilidad, ética y valores. Es quien complementa, fortalece y amplifica el proyecto del Gobierno de Puebla desde el terreno más delicado y más determinante: el bienestar humano.

Su papel en el SEDIF no es ceremonial; es operativo, presente, diario. Su liderazgo marca la diferencia porque entiende que detrás de cada programa social hay vidas reales, historias complejas, familias que necesitan más que trámites: necesitan apoyo, empatía y soluciones.
El humanismo en acción.
Desde que asumió la presidencia del Patronato del SEDIF, Cecilia Arellano ha construido un trabajo que se reconoce en todo el estado: cercano, útil y profundamente humano.
Entre sus acciones más destacadas se encuentran:
- El fortalecimiento de los programas de atención a mujeres víctimas de violencia, impulsando acompañamiento psicológico, refugios seguros y herramientas para la independencia económica.
- El impulso a la infancia poblana, velando por el cuidado de niñas y niños en situación vulnerable, mejorando centros de asistencia y promoviendo adopciones responsables.
- El apoyo integral a personas con discapacidad, garantizando accesos, terapias, inclusión real y visibilidad.
- La asistencia alimentaria, que hoy llega a miles de familias en zonas rurales y urbanas donde el hambre no es un concepto, es una urgencia.
- El acompañamiento a adultos mayores, un sector que muchas veces queda en el margen y que, gracias a su labor, encuentra atención, actividades, cuidados y cariño.

Cada proyecto, cada jornada, cada programa tiene su sello: la voluntad de ayudar sin condiciones, la sensibilidad de una mujer que entiende que servir no es un discurso, es una manera de vivir.
Un pilar en la transformación de Puebla.
Hablar de Cecilia Arellano es hablar de una pieza clave del proyecto político del Gobernador Alejandro Armenta. No por la cercanía familiar, sino por el impacto real de su trabajo.
En política, formar un gobierno fuerte exige más que visión administrativa; exige entender el alma del territorio, tocar la raíz de las desigualdades, mirar —sin miedo y sin distancia— a los sectores más vulnerables. Ese trabajo emocional, social y profundamente humano lo encabeza Cecilia.

Y su impacto no es menor:
- Ha fortalecido la credibilidad del Gobierno de Puebla.
- Ha acercado la Cuarta Transformación a las comunidades más olvidadas.
- Ha construido redes de apoyo que antes simplemente no existían.
Ella acompaña, impulsa, sostiene y complementa la misión del Gobernador. Su labor es fundamental porque garantiza que la política social no se quede en papeles: se convierte en resultados, en ayuda real, en bienestar tangible.
Una líder que Puebla necesitaba.
En un estado tan grande, diverso y desigual como Puebla, la presencia de una mujer como Cecilia Arellano es más que importante: es indispensable. Y el eco de su trabajo empieza a sentirse en cada rincón del estado.

Ahí donde antes había abandono, hoy hay atención.
Ahí donde había incertidumbre, hoy hay acompañamiento.
Ahí donde había soledad, hoy hay presencia.

Su labor, silenciosa pero contundente, se está convirtiendo en uno de los pilares humanos del proyecto del Gobierno de Puebla. Y cuando llegue el día en que la historia evalúe esta etapa de transformación, el nombre de Cecilia Arellano aparecerá no en letras pequeñas, sino como una de las protagonistas que sostuvieron la esperanza, que caminaron con la gente y que hicieron de la ayuda social una misión diaria.
Porque no hay transformación sin humanidad, y en Puebla, la humanidad tiene nombre: Cecilia Arellano.


