La verdad es que Estados Unidos ya desató su ofensiva.
Por: La Palabra Política.
CDMX, 16 de julio del 2025.
Olviden todo lo que saben sobre la guerra. Borren la imagen de tanques rodando por las calles, de aviones de combate surcando el cielo y de soldados desembarcando en playas. La guerra del siglo XXI se libra en silencio, con un arsenal invisible de tecnología, inteligencia y presión financiera. Y esa guerra ya comenzó en México. El comandante en jefe es Donald J. Trump, y sus objetivos son los capos del narcotráfico.

Desde que regresó a la Casa Blanca, el presidente estadounidense ha sido fuerte, claro y preciso: una de sus misiones es desmantelar a los cárteles mexicanos, a los que su administración ya no trata como simples criminales, sino como lo que son para ellos: terroristas. Y en el diccionario de Washington, la palabra “terrorismo” es sinónimo de guerra total. Una guerra que no necesita detonar una sola bala en territorio mexicano para mostrar su poder devastador.

¿Pruebas? No busquen cráteres de bombas, busquen los tronos vacíos en el olimpo del hampa. Jamás en la historia de la relación bilateral, Estados Unidos había tenido en su poder a tantos narcotraficantes de alto rango y de forma tan sistemática. El golpe más espectacular, la captura del legendario Ismael “El Mayo” Zambada —el fantasma que por décadas burló a la justicia— no fue un golpe de suerte. Fue la culminación de una cacería de alta tecnología, la joya de la corona de una ofensiva de inteligencia orquestada desde las entrañas de la CIA, la DEA y el FBI.

El Mayo no está solo. Junto a él, en prisiones de máxima seguridad estadounidenses, se encuentran piezas clave del Cártel de Sinaloa como los hijos del Chapo Guzmán, y un “quién es quién” de los Beltrán Leyva, La Familia Michoacana y Los Zetas. Son casi veinte “trofeos de guerra” que demuestran la eficiencia y la letalidad de la estrategia estadounidense. Mientras México duerme, las agencias de inteligencia de EE. UU. operan a nivel mundial, rastreando llamadas, congelando cuentas y moviendo piezas para capturar a sus objetivos.

Y aquí es donde la realidad choca de frente con el discurso oficial. Desde el gobierno de México se intenta simular, mentir y denostar esta verdad incómoda. Nos dicen que es “cooperación bilateral”, que la soberanía se respeta, que no pasa nada. Pero las palabras se evaporan ante los hechos. Mientras aquí se niega la guerra, allá se anuncian las capturas. Mientras aquí se habla de abrazos, allá se dictan cadenas perpetuas.

La verdad es que Estados Unidos ya desató su ofensiva. Su poder no reside en un ejército de ocupación, sino en su inigualable capacidad de inteligencia y su dominio del sistema financiero global. Pueden asfixiar a una organización criminal sin disparar, simplemente cortando su flujo de dinero. Pueden localizar a un capo en la sierra más remota usando satélites y drones.

Los mexicanos deben entenderlo: la guerra ya está aquí. Es una guerra silenciosa, sin uniformes y sin declaraciones formales, pero sus efectos son reales y contundentes. El gobierno puede seguir con su narrativa de negación, pero cada capo que es extraditado y presentado ante un juez en Estados Unidos es un recordatorio de quién está realmente librando y ganando esta batalla. La pregunta ya no es si la guerra comenzará, sino cómo reaccionará México a un conflicto que se libra en su propio patio, pero bajo las reglas y el comando de su vecino del norte.


