Es la mujer que, contra viento y marea, está levantando los cimientos del nuevo piso de la Cuarta Transformación en Veracruz.
Por: La Palabra Política.
Veracruz, 9 de julio del 2025.
En un país donde el poder se reparte a codazos, donde los fuegos internos suelen ser más destructivos que los ataques externos, mantenerse firme no es solo una postura política, es una declaración de principios. Y eso es precisamente lo que representa hoy la Gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García: una mujer que, en medio de vendavales mediáticos, intrigas palaciegas y embestidas calculadas, no solo resiste… avanza.

Desde que asumió el cargo, Rocío Nahle ha sido blanco de una ofensiva política que no da tregua. La crítica no ha sido sobre políticas públicas, sino sobre su figura, su historia, su carácter. La quieren vulnerar donde menos cede: en su integridad. Pero si algo ha demostrado la ingeniera, es que no se quiebra. Las campañas de descrédito, las emboscadas en los medios neoliberales y los zarpazos disfrazados de “reportajes” no la han doblado. Y no lo harán.

Nahle no llegó al poder por concesión, ni por herencia. Llegó con temple, trayectoria y sudor. No es una improvisada ni una oportunista, como algunos quisieran vender. Su nombre se forjó desde la lucha técnica y política en las entrañas de la Cuarta Transformación, cuando muchos que hoy se acomodan en el movimiento, aún dudaban de su viabilidad. Fue parte del equipo que soñó con la transformación cuando no estaba de moda. Y hoy, como gobernadora, no solo es testigo, es protagonista.

“‘No les voy a fallar y lo que me mantiene aquí es mi profundo amor a Veracruz”
Ing. Rocío Nahle García
Gobernadora del Estado de Veracruz
Veracruz no es cualquier entidad. Es una tierra marcada por la historia, la geopolítica, el petróleo, la diversidad, el conflicto y el poder. Gobernarla es navegar entre arrecifes. Pero Nahle ha decidido no pilotear con miedo. Ha llegado a gobernar con carácter, con convicción y con una visión clara: construir desde las bases el “Segundo Piso” de la Cuarta Transformación. Y en esa tarea no hay espacio para titubeos.

Los embates internos de su propio partido —porque también los hay— no la intimidan. En MORENA, como en cualquier movimiento de poder real, hay fuego amigo, celos, codazos. Pero Nahle ha aprendido a resistir sin doblarse, a caminar sin mirar atrás y a no pedir permiso para ejercer el poder que el pueblo le confirió en las urnas. Porque ella no se debe a cúpulas ni a acuerdos en lo oscurito. Se debe a los veracruzanos. Y lo tiene claro.

En tiempos donde la política muchas veces se reduce a gritos y “likes”, Rocío Nahle gobierna con una mezcla rara: técnica y terquedad. Una técnica que aprendió en años de estudio, de gestión energética, de análisis de proyectos. Y una terquedad que no es capricho, sino convicción: la de no ceder un centímetro ante quienes quieren verla fuera del juego. Porque hay que decirlo claro: hay quienes no soportan verla fuerte, gobernando, decidiendo.

Pero ella no está aquí para agradar. Está para transformar. Y lo está haciendo.
Su relación con la Presidenta Claudia Sheinbaum es estratégica, política y profundamente ideológica. Ambas son mujeres formadas en la ciencia, curtidas en la lucha, y convencidas de que la transformación no se decreta desde un atril: se construye día a día, con acciones concretas, con obra pública, con inversión social, con políticas que toquen la vida de la gente. Rocío Nahle está cumpliendo ese mandato.

¿Quieren verla caer? Sí, muchos. ¿Lo lograrán? Lo dudo.
Porque Nahle no camina sola. Camina con un movimiento detrás, con una agenda clara, con una convicción que no se desgasta. Su gobierno ha comenzado a trazar el sendero de un Veracruz que no se somete, que ya no es botín de cacicazgos ni territorio de impunidad. Y ese solo hecho, ya es una transformación.

Mientras tanto, ella sigue. Gobernando, decidiendo, proyectando. Sin estridencias, sin escándalos, sin flaquezas. Porque Rocío Nahle no juega a la política: la ejerce con carácter. Y en esta etapa del país, eso vale más que cualquier campaña mediática.
Es la mujer que, contra viento y marea, está levantando los cimientos del nuevo piso de la Cuarta Transformación en Veracruz. Y no lo hace para agradar. Lo hace para trascender.


