Gustave Doré, vigencia del ilustrador e impulsor de grandes clásicos de la literatura

Imagen de ‘Paraíso’, de la Divina comedia, de Dante, ilustrada por Gustave Doré.

         
       
                       
 
     

INFORMACIÓN · OPINIÓN · ANÁLISIS

   
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 MARIBEL LIENHARD/ WMagazín.

Enero es el mes de las conmemoraciones del artista francés: nació el 6 de enero de 1832 y falleció el 23 del mismo mes de 1883. Lo recordamos con diez de sus obras más significativas: de ‘Divina comedia’, de Dante, a ‘El paraíso perdido’, de Milton, o ‘Cuentos’, de Perrault.

Muchas personas deben a Gustave Doré su acercamiento a la lectura de obras clásicas de la literatura. Es un gran impulsor del imaginario universal y artista influyente en las artes visuales. En enero siempre se recuerda esto porque es su mes, cuando nació en Estrasburgo el 6 de enero de 1832 y cuando murió en París el día 23 de 1883.

Cada día el prestigio de Gustave Doré aumenta. El artista francés quiso dibujarlo todo, recrear aquellas narraciones, poemas, fábulas y obras de teatro de todas las épocas para contribuir a su divulgación y embellecerlas. Doré es un intermediario entre los autores y sus obras y los lectores.

Ilustró más de noventa libros entre los que destacan los Trabajos de François Rabelais (1854), Divina comedia, de Dante (1861),  Las aventuras del barón de Münchhausen (1866), la Biblia y El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha.

Doré fue un hombre de gran curiosidad que fue dibujante, caricaturista, ilustrador, acuarelista, pintor, escultor… Un artista proteiforme que abarca los principales géneros y formatos de su época, desde la sátira hasta la religión, desde el croquis hasta los lienzos monumentales.

Desde los 15 años entró a formar parte del universo de la creación literaria al lograr que cada semana le publicaran caricaturas y /o litografías en el Journal pour Rire, entre 1848 y 1851. Después vinieron los encargos para autores como François Rabelais y Lord Byron y obras más o menos conocidas. Su prestigio no hizo más que crecer.

Pero Gustave Doré es más que sus obras más famosas. En esta ocasión queremos repasar, además, otros trabajos por los que ocupa un lugar especial en la historia de la creación literaria. Como lo hiciera él, queremos hacer volar la imaginación a través de una ilustración por cada uno de los siguientes libros:

‘Gargantua’, de Rabelais, ilustrada por Gustave Doré.

Doré y su imaginario universal

Aventuras del barón de Münchhausen

Rudof Erich Raspe fue el que primero que contó las aventuras del barón Münchhausen (1720-1797). Pero su popularidad se logró con la traducción al inglés de Gottfried August Burger. Historias entre lo hilarante y la fantasía y lo grotesco.

Biblia

La Biblia, construcción de la Torre de Babel, ilustrada por Gustave Doré.

La gran Biblia la ilustró Doré en 1866. Consta de 241 grabados que contribuyeron a modelar el imaginario colectivo alrededor del Antiguo y Nuevo Testamento, del mundo cristiano.

Cuentos, de Perrault

Caperucita roja, de Perrault, ilustrada por Gustave Doré.

El imaginario de los cuentos infantiles más populares, desde Caperucita roja hasta Blanca nieves y los siete enanitos son de Charles Perrault, y Doré los recreó. Sus imágenes están asentadas en la mente de los lectores.

Cuentos Droláticos, de Balzac

‘Cuentos droláticos’, de Balzac, ilustrados por Gustave Doré.

Honoré de Balzac publicó sus relatos divertidos o llamados Cuentos droláticos entre 1832 y 1837. Balzac hizo una gran exploración de las formas del lenguaje y las estructruas circulares que llamaron la atención de la época no sin ciertas críticas. Doré contribuyó a exaltar el arte de Balzac.

Divina comedia, de Dante

Una imagen de ‘Infierno’, de Dante, ilustrado por Gustave Doré.

El universo creativo de Doré se despliegua en todo su esplendor en Divina comedia, la obra maestra de Dante Alighieri.

El cuervo, de Poe

‘El cuervo’, de Poe, ilustrado por Gustave Doré.

El cuervo, de Edgar Allan Poe, fue el último trabajo que hizo Gustavo Doré en 1883. El poema narrativo de 1845 del escritor estadounidense se potencia en las manos de Doré.

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, de Cervantes

‘El Quijote de La Mancha’, de Cervantes, ilustrado por Gustave Doré.

Vivas siguen las imágenes de Doré sobre El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes. El artista francés recreó la vida del caballero en 22 ilustraciones. El mundo quijotesco fue enriquecido gracias a la visita que hiciera Doré a España.

El paraíso perdido, de John Milton

‘El paraíso perdido’, de John Milton, ilustrado por Gustave Doré.

John Milton escribió su magistral poema El paraíso perdido en 1667  y dos siglos después lo recreó Gustave Doré con cincuenta grabados excepcionales.

Fábulas, de La Fontaine

‘El lobo convertido en pastor’, de las Fábulas de La Fontaine, ilustrada por Gustave Doré.

En 1668 Jean de La fontaine publicó la primera parte de sus célebres Fábulas, la segunda fue en 1679. Son casi 250 historias protagonizadas por animales cuyos relatos tienen una moraleja. Cuentos que han llegado hasta hoy y cuya visualización en el imaginario contribuyó a construir Gustave Doré.

Orlando furioso, de Ludovico Ariosto

‘Orlando furioso’, de Ludovico Ariosto, ilustrado por Gustave Doré.

Los 46 cantos épicos escritos en octavas los hizo Ariosto entre 1516 y 1532. Un ciclo caballeresco carolingio e inspirado en los clásicos griegos y latinos. Es considerado el mejor poema épico de Renacimiento italiano.

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